Rosas que clavan y marcan con sus espinas una herida insondable.
Jardines de ensueños que se duermen en la bruma, aún, con cielos esquivos y solitarios.
Flores del alma que se marchitan con cada aroma de tu piel y un suelo fértil de añoranza y augurio.
Viven allí angeles endemoniados que siembran esperanza de los que aman un mundo de estrellas.
Vuelve a surgir dudas del espíritu ante los míticos caminos que vacilan y marean,
siguen acechando aquellos angeles que quedaron sin alas por la bazofia de este destino duramente escrito.
duramente aceptado...
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