Me someto a una perplejidad de ausencias y temores,
arrastro el peso de tu maldito recuerdo,
maldito... maldito y suave recuerdo que quisiera pulverizar.
Pérfido ángel que has engrandecido mi ser a tu lado,
que me has entregado la dicha en tu guarida para luego quitarme de allí
sin piedad.
Grito,
chillo,
abucheo quejumbrosa sin sonidos que alcancen tu morada;
esfera azul y sublime, diáfana que ilumina.
¿Cuántos caminos más debo recorrer para encontrarte?
¿Cuántos vuelos debo alzar para cruzarte deseosa en aquel cielo?
Aquí estoy ángel solitario, ya no creo poder volar.
Estas alas averiadas no tienen vigor para subir a lo alto.
Espero entre suspiros que me devuelvas a aquel sitio,
o que al menos, me devuelvas los sentidos que perdí,
así podre reconocer qué hay a mi alrededor,
así recobraré las fuerzas para levantar vuelo algún día.
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