domingo, 28 de febrero de 2010

Para el "Caballero de la armadura oxidada" de Robert Fisher

Armadura de hierro que encubre y que duele.
Armadura que no deja sentir...


Ve por ese castillo, caballero.
Quédate en silencio y reflexiona ante la vida.
Quítate esa armadura que te acompañó ante tantas hazañas y
que permitió rescatar tantas damiselas.

Sin nombre, huirás...
Huirás para encontrarte otra vez, o para descubrirte:
generoso y buen caballero.
¿A quién quieres demostrarle quién eres?
Solo a tí, porque eres valiente.

Rompe esa armadura que tapa tu cuerpo y encubre tus deseos.
Ya no lloras por que el yelmo no te lo permite.
Ya no amas por que la ambición te ciega los ojos del alma...

Camina por allí,
camina y confía en volver a ser tú
a pesar de sentirte sobrecargado de guerras victoriosas
como de amores frustrados.

Julieta y Cristóbal te llaman en sollozos para que regreses
y abraces sus almas,
aunque ya no te reconozcan
y aunque esa armadura te haya impedido escuchar sus llantos.

Deja tu espada que ya no hay muchachas hermosas por rescatar.
Ahora es a tí a quién tienes que salvar del tormento de no sentir.
Sálvate del martirizante ruido de la codicia,
de ser quién ya no eres,
o quién nunca podrás ser.
Despójate de tus juicios y mira a Julieta con los ojos del corazón.

Busca tu verdad, pero hazlo con los ojos del conocimiento.
Intenta hacerlo con los ojos del amor porque esa es tu verdad...
Ese conocimiento sobre tí,
sin esa armadura que lastima, es la real verdad que tienes que encontrar.

Te espera una vida llena de dicha,
con el alma rebasada en sonrisas,
con la pasión en tu frente,
con un sendero hacia aquellos labios que te enmudecen,
con la sed de silencios que llenan espacios necesarios, para no hablar sin sentido.

Caminarás exhausto hasta la cima.
Suplicarás hasta quedarte sin voz,
querrás abandonarte, porque ese hierro ya soldado
querrá carcomerte el cuerpo tallado de batallas ganadas.

Pero el hambre de encontrarte te enseñará a llorar por tí
y por los que te aman.
y esa armadura se oxidará,
se oxidará y caerá en pedazos
demostrándote que hay piel que quedó marcada de heridas insondables.
Pero una piel que endureció por la gloria
y que espera ser acariciada por su amada.

Sigue caballero,
confía en tus amigos que te acompañan y sigue por allí.
Aprende y abandona el orgullo de creer en la omnipotencia.
LLora,
siente,
escucha aquel río,
respira la brisa que sopla en tu rostro cuando se pulverice esa vil armadura.

Creerás en tí, Julieta lo sabe.
Creerás en ella que te espera ansiosa
aunque ya no recuerde nisiquiera tu rostro.

Despréndete de esas cadenas que te ataron a lo conocido,
es sólo dar espacio...
sin miedo,
simplemente dar lugar a otros horizontes...

Es sólo encontrar la verdad que no es más que mirarte,
y mirar a los tuyos con los ojos del AMOR.

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