miércoles, 7 de abril de 2010

Tengo manos llenas de caricias para entregarte,
tengo fuertes brazos para amarrarte en mi pecho cuando te sientas desolado.
Tengo besos que guardé durante muchos años,
sólo para calmar la sed de tristeza en el río.

Tengo años.
Tengo vidas.
Llevo muertes,
pero también te tengo en mis espacios, deslizando sonidos que me reclaman
y allí estoy,
porque tengo ansias de abrazarte, hombre aniñado.

Tengo sonrisas que regalarte,
tengo dolores
y tengo marcas insondables que curaron al tocarte.

Tengo cielos, hombre inquieto.
Tengo sueños que despierto sobresaltada por miedo a tener los ojos agotados.

Te tengo, mi querido.
Te tengo y me confieso ante vos
porque es contigo que aprendí otra vez, a hablar con palabras de deseo.

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