Será que cuánto más nos acercamos a la muerte, más acuden esos recuerdos olvidados en un recóndito lugar de nuestro alma...
Será que así, sentado mirando un punto fijo y sintiendo que la muerte viene a buscarme invade esas imagenes tan queridas y tan imposibles de volver a vivir.
¿Cuánto tiene de imposible?
Mucho, tal vez demasiado.
Quizá con sólo recordar pueda patearse la muerte, clavarle una daga o simplemente postergarla a un próximo encuentro que alargue el presente o más aún, reviva el pasado.
Tal vez la muerte se apiade de este hombre insecto de la tierra, de este ser-humano que pisa suelo firme para no tambalear aún con esas inseguridades que agotan el espíritu y que empobrece la existencia.
Hoy decido enfrentar esa maldita muerte con este pecho henchido, con estas manos que crujen al rozarse, con estos ojos cansados de seguir abiertos para ver cuánta inmundicia desfila por mi lado desparramando estiércol hediondo e insano.
Desafíola con la sangre que vendrá y con el dolor que se siente una derrota.
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